Pese a las declaraciones de fe monetariasta, el BCRA sigue emitiendo como en el kirchnerismo

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Según reconoció el propio Banco Central de la República Argentina (BCRA) el ritmo de expansión de la base monetaria volvió en el mes de marzo a niveles cercanos al 30% anual, luego de un intento de reducción en el mes de febrero.

La dinámica de emisión de dinero, fuertemente criticada por los referentes económicos de Cambiemos durante el kirchnerismo como la mayor responsable de la inflación, se mantuvo sin mayores cambios desde la asunción de Mauricio Macri.

 

La estrategia oficial de continuar con la “maquinita” impresora de dinero a toda marcha es particularmente llamativa en un contexto en el que, según el comportamiento del agregado monetario M2 privado (circulante en poder del público, cuentas corrientes y cajas de ahorro del sector privado), la demanda de dinero muestra signos de desaceleración, con lo que la mayor emisión podría sumar un nuevo motor para la disparada inflacionaria que se espera que en el marzo alcance niveles superiores al 3%, contra todas las expectativas y anuncios oficiales.

 

Pese a la contracción de la base monetaria impulsada por la venta de más algo más de dos mil millones de dólares del Banco Central, una absorción de 41.284 millones por la venta de reservas y una contracción de 9.188 millones de pesos debida a las Lebacs, en el marco de una mínima reducción de la tasa de interés del BCRA, la emisión de más de 30 mil millones de pesos se explica sobre todo por el mercado de pases y las Leliq (instrumento del BCRA de esterilización monetaria para entidades financieras), que llegó a 140 mil millones en marzo. Es decir que la expansión monetaria pudo haber sido muy superior al 30%, pero se compensó sobre todo gracias a la venta de reservas.

 

El monetarismo es la rama o vertiente del pensamiento económico que se ocupa de los efectos del dinero sobre la economía en general. Desde hace años, los más claros referentes de esta tendencia económica son los de la llamada “Escuela de Chicago”. Milton Friedman, el más claro referente de esta corriente resumió famosamente uno de los postulados centrales de su concepción: “La inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario, en el sentido de que solo es y puede ser producida por un incremento más rápido de la cantidad de dinero que de la producción”.

 

La base monetaria del país está constituida por el dinero legal en circulación (billetes y monedas) más las reservas de los bancos en el Banco Central. En el enfoque monetarista tradicional, el nivel general de precios de una economía depende de manera proporcional de esa cantidad de dinero. Esta mirada de la economía, que se fue imponiendo desde la década del 50, se consolidó en polémica con el keynesianismo que cuestionaban la eficacia de la oferta monetaria como factor decisivo para fijar las tasas de interés. Desde una mirada más keynesiana, es tolerable un ritmo de emisión monetaria alto por sus efectos dinamizadores de la economía a través de consumo en el mercado interno, lo que en épocas del kirchnerismo solía resumirse como “ponerle dinero a la gente en el bolsillo”.

 

En 2012, el entonces ex presidente del BCRA Alfonso Prat Gay cuestionaba la política oficial de “cubrir el déficit fiscal con emisión” planteando que eso implicaba “financiarse con inflación, que es la peor manera de financiarse, porque no hay ajuste más doloroso que la inflación”. El entonces presidente del Bloque de Diputados de la Coalición Cívica ARI, designado como ministro de Hacienda y Finanzas por Macri en 2015, también denunciaba que esa dinámica de expansión de la base monetaria aplicada Mercedes Marcó Del Pont al frente del BCRA equivalía a un reconocimiento del oficialismo de que “no le alcanza con las reservas sino que también necesita la maquinita de emitir porque se quedó sin caja”.

 

El actual presidente del BCRA, Federico Sturzenegger, también fue uno de los mayores críticos de la estrategia de ampliación de la base monetaria del kirchnerismo. En un artículo de opinión publicado en la Nación en febrero de 2014, titulado “Sin gestión no hay solución”, afirmaba: “Acá, como en cualquier lugar del mundo, la inflación se sostiene sólo si está alimentada por la emisión de dinero. Los argentinos conocen esto tan bien que en los 80 acuñaron una denominación popular para el fenómeno: “usar la maquinita”. Una expresión que no tiene correlato en ningún otro lugar del mundo y que resulta un testimonio lingüístico de nuestra adicción a la emisión inflacionaria”. Luego explicaba: “Negar este diagnóstico tan simple (uno de los más demostrados y aceptados en la macroeconomía) ha llevado al Gobierno a intentar todo tipo de estrategias condenadas al fracaso”. Y concluía: “Sin atacar las causas, todos estos intentos han fracasado. Y como la emisión se fue acelerando, la inflación siguió en alza”.

 

Ya habiendo asumido como director del BCRA, Sturzenegger continuaba con su discurso crítico contra el flagelo de la “maquinita”. En octubre de 2016 explicaba que las metas inflacionarias establecidas se alcanzarían por la vía de la reducción de la emisión monetaria (principalmente disminuyendo los préstamos al Tesoro o Adelantos transitorios y acelerando la absorción de pesos del mercado mediante las Lebac). En una reciente entrevista con Perfil, de enero de este año, ya Sturzenegger tocaba apenas tangencialmente el factor de la emisión monetaria. Ante la consulta de si era compatible un gasto público del 42,5% con una inflación de un dígito sostuvo: “No es que un 42% sea incompatible con la meta de cero inflación. Hay sociedades europeas que tienen ese gasto y no tienen inflación. Lo que no es compatible es financiarlo con emisión monetaria. Si ese 42% de gasto público se lo financia con impuestos, no va a haber inflación. No hay una relación entre el tamaño del Estado y la inflación. En todo caso lo habrá con el déficit, o con la emisión monetaria, que tampoco es el déficit”.

 

Más allá de los dichos de ayer y de hoy, lo cierto es que la dinámica de emisión monetaria, considerada por la propia escuela económica que hoy lleva las riendas de la economía a nivel nacional, como la principal responsable de la inflación, no se ha modificado substancialmente en su dinámica en comparación con los gobiernos kirchneristas, como se puede apreciar claramente en el gráfico construido con datos del propio Banco Central.

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