Boca empató con el Bicho y es finalista

En un partido de palo y palo, Boca igualó con Argentinos con goles de Zárate y Wanchope Ábila y se metió en la final.

Es en estas instancias donde los nombres propios -insertados en un proceso colectivo, desde ya- hacen la diferencia. Mientras River se desangra desde el propio éxodo de sus figuras que terminó afectando el funcionamiento del equipo (la esencia del ciclo Gallardo), Miguel Russo pudo administrar esfuerzos para poner a su equipo en otra final. Si con River fue Villa, anoche Salvio; un rato Jara y otro Capaldo; y si falta Andrada aparece Rossi; y Cardona, Zárate, Wanchope, sostienen por peso propio de sus trayectorias el rumbo de un equipo, para que Ávila, Varela y los pibes no sientan el ancla de la responsabilidad. Y si hace falta, entra Izquierdoz para fajarse y bancar la que haga falta. Si el miércoles pasa a la final de la Libertadores, no habrá mucho para reprocharle a Miguel…

Como todo este ciclo, no sobró mucho hilo en el carretel, en parte porque Boca no gasta de más ni quiere pretender ser lo que no es: un equipo de carne y hueso, con jerarquía pero vulnerable como cualquier hijo de vecino. El partidazo ante Argentinos, los vaivenes emocionales de un arco a otro, las chances perdidas, el vértigo de un resultado incierto, estiró la incertidumbre hasta el final. Este Bicho de Dabove lleva bien el apodo, porque es un equipo que agrede, torea, compadrito desde su estilo vertical y sin medias tintas. Atrás achica con modos poco amistosos, como marca el manual del potrero, y esa vehemencia se estaciona poco en el medio: busca la yugular temprano.

 

La fórmula, aunque evidente, no dejó de ser efectiva. Mientras Hauche explotó las espaldas de Mas (que en el primer tiempo marcó mal y de lejos), Argentinos llegó profundo hasta Rossi. Clave, la llegada al vacío de Sosa, que atacaba por el costado opuesto y así dejó su marca en el gol. Pero a Boca le duró poco la confusión. Empezó a hacer pie cuando dejó de apostar al vértigo contra vértigo, y la pelota visitó seguido la cadencia de Cardona. Edwin fue el antídoto contra el achique del local, con pases pinchados al corazón del área rival que eludían la presión de los defensores. Así, encontró un par de veces a Ábila, como lo hizo con Zárate para el gol del empate. El partido no tenía dueño mientras Argentinos insistió con su esquema de ataque. El triunfo coqueteó con los dos: Torrén al travesaño, doble chance perdida por Wanchope y Salvio, y el penal que desperdició Ábila.

 

Boca encaminó el pase a la final cuando se dio cuenta de que Argentinos había gastado a cuenta en un primer tiempo en el que lo dio casi todo. Eso, y una marca más efectiva sobre la franja izquierda, dejaron al Bicho sin mucho que ofrecer. Cardona siguió manejando la pelota con maestría, marcando el pulso del partido, administrando los ritmos y los espacios. Wanchope tiene un don y una cruz en el mismo envase, porque pierde un penal, erra mano a mano, pero en la jugada siguiente es capaz de definir como si fuera Benzemá. Argentinos encontró el empate y fue por todo. El drama, con el corte de luz y el esfuerzo final, le da más valor al objetivo que alcanzó un equipo que es fuerte porque conoce sus debilidades.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *